En este análisis, hay un elemento que no debe considerarse mero detalle. "Final Felíz". ¿Qué es eso? En principio, se trata de una frase contradictoria por naturaleza. ¿Es posible que algo que se concluya provoque alegría desmedida en alguna de las partes? Deduzca usted, caballero.
Y aquí retomo parte de lo expuesto en "Sobre los finales felices, parte I": "(...) cuando venga la muerte y cierre los ojos". El final de la vida es, indudablemente, la defunción, el acábose. Siendo así: ¿existe posibilidad que la desaparición material genere regocijo alguno?
Quien trasciende la frontera entre el conocimiento empírico y los supuestos saberes teóricos, tiene pocas chances rebatir esta teoría, por una cuestión de lógica inexistencia.
Lo que sabemos del futuro es que desconocemos absolutamente todo. Lo único que estamos en condición de afirmar, por experiencia non propia, es que la muerte es triste y provoca infelicidad en el entorno del difunto.
lunes, diciembre 22, 2008
martes, diciembre 16, 2008
Sobre los finales felices, parte I
Recuerdo haber esbozado, años atrás, una especie de teoría a la que llamé "Acerca de los finales felices". La breve exposición me dejó más dudas que otra cosa, motivo por el cual consideré pertinente explayarme al respecto.
A modo introductorio, hablar sobre la factibilidad de los finales felices es, desde mi punto de vista, una pérdida de tiempo. Está claro que ellos no existen.
Es más. Se trata de una gran conspiración de malos escritores e inteligentes editores al servicio otra industria más imponente y macabra: las fábricas de bombones y la escuela de guionistas para las películas de Meg Ryan.
El primer gran ejemplo que avala esta postura es la mismísima muerte. Como fin último, la desaparición material hace imposible suponer la felicidad de un sujeto. Más aún cuando éste conoce la ventaja de tres cuartos pescuezos que ostenta La Parca.
Quizás esa pequeña afirmación podría ser rebatida con la potencial existencia de un lugar mejor que la ondulante y cambiante Tierra. Sin embargo, esta mera exposición no pretende plantear si somos fruto de alguna creación Suprema o, simplemente, el peor de los resabios del Planeta de los Simios.
Por ello, otro punto clave en este esquema parte de la siguiente pregunta: ¿Cuántas veces uno se enamora y desenamora hasta encontrar aquélla mal llamada media naranja, si es que tiene -claro está- la suerte de hallarla?
La respuesta puede variar: una, dos, tres, cuatro... diez veces. O sea que hablamos de un porcentaje mayor de infelicidad, de "finales no felices", de rupturas que hieren el alma. En contrapartida, observamos un sólo final feliz que, obviamente, dejará de serlo cuando venga la muerte y cierre nuestros ojos.
De todas maneras, y esto es lo único tangible, no estaremos allí para contarlo.
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